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Preparación al embarazo
embarazo
el parto es nuestro, parto natural, parto en casa
guillem hernàndez garcia
consulta en obstetricia y ginecología

Asistencia al parto normal de bajo riesgo

El parto es un acto natural en la especie humana. La mayor parte de las veces, a los 9 meses (aproximadamente) de embarazo (entre las 37 y 42 semanas), ocurre el parto espontáneamente, y no debe ser un fin en sí mismo, sino un punto de una línea que se inicia con el embarazo y continúa con la lactancia.

El 95% de los partos de mujeres sanas (que son la mayoría), son normales y no requieren grandes intervenciones.

Yo creo que lo ideal no existe, pero realizar un parto en una clínica que tenga un mínimo de recursos puede resolver cualquier eventualidad imprevisible. Pero que sea "como en casa", eso quiere decir sin utilizar necesariamente, o por protocolo o por costumbre o por comodidad, todos los elementos posibles.

bebé recién nacido

Sin postura fija, permitiendo la deambulación y postura libre para el parto, la ingesta de alimentos, sobre todo líquidos, sin realizar sistemáticamente rasurados, enemas, maniobra de Kristeller, sondajes, goteos endovenosos occitócicos, monitorización continua, analgesias (peridural), amniotomías (rotura de membranas), despegamiento de membranas (maniobra de Hamilton), instrumentación, episiotomías, etc. es lo que mejores resultados proporciona a la madre y al bebé.

Respetar los tiempos que requiere el proceso, sin ganas de acabar pronto y no realizar nada que no esté claramente justificado, son actitudes que permiten mejorar muchos aspectos del parto, si el proceso sigue los criterios de normalidad.

El temor a lo desconocido, miedo al dolor, etc. requieren una preparación (yoga, respiración, relajación) que ayuda a la correcta evolución del proceso, evitando la tensión y el cansancio.

Madre e hijo

En general, la mujer misma se extrae la criatura y la coloca sin solución de continuidad sobre el abdomen, manteniendo un contacto piel-piel, que además permite mantener una buena temperatura para el recién nacido.

El cordón umbilical se pinza cuando ha dejado de latir y el padre, por lo común, lo corta (simbólicamente), excepto que por alguna razón se deba realizar un pinzamiento y corte precoces (vuelta de cordón prieto en el cuello, cordón corto, necesidad de reanimación fetal, etc.).

El comportamiento de la mujer debe ser espontáneo y no debe "quedar bien" ni ante los profesionales, ni ante la pareja, ...ni ante ella misma: tiene que hacer lo que el cuerpo le pida. Relajarse bien entre las contracciones y mantener la energía evitando tensiones innecesarias, ayudan a continuar un proceso normal.

No se emplea anestesia peridural de rutina. Para realizar una analgesia epidural debe haber un motivo que puede ser fetal, por causas médicas o por deseo de la madre (no se debe mantener una actitud rígida que favorezca el sufrimiento más de lo conveniente). Iniciar la lactancia materna en el mismo lugar del parto, y facilitar el alta precoz, si la madre lo desea. La mayoría de las veces, el acompañante puede estar con la mujer durante la cesárea (si fuera estrictamente necesaria) sólo en la clínica Sant Jordi.

Nacer en casa (parto domiciliario)

Hace ya muchos años que ayudo en el parto en casa a las mujeres que lo solicitan.

Creo que es un derecho de las mujeres a parir donde esté más cómoda y más segura.

Siempre para casos de bajo riesgo que se debe determinar continuamente, y sabiendo que si hay alguna dificultad tiene que realizarse "como en casa" en un lugar adecuado (clínica, hospital). La asistencia sigue igualmente en la Clínica "Sant Jordi" de Sant Andreu donde hay recursos para resolver posibles alteraciones.Lactancia

El riesgo cero no existe para ninguna actividad humana y si hay alguna complicación en casa, no se dispone de los recursos que sí se pueden utilizar en una clínica.

El 95% de los partos que provienen de embarazos y madres normales (a término, en presentación cefálica, sin patologías materno-feto-placentarias) no requieren ningún tipo de manipulación, pero es conveniente una supervisión y control respetuosos para detectar cualquier anomalía que surja de improviso.

La filosofía del parto en casa no debe basarse en el temor al Hospital, sino en tener una experiencia positiva en el lugar habitual de vivir, donde se desarrollará la infancia del recién nacido, en contacto con las personas que la mujer desee y en un ambiente normal, favoreciendo la relajación, confianza y dejando que la naturaleza funcione sin obstáculos, no alterando el tiempo que se requiera para una normal y correcta evolución, evitando al máximo la manipulación y la utilización de técnicas agresivas, pero dando prioridad al bienestar materno y fetal.

La disposición de un medio de desplazamiento, por si es necesario, a un centro médico cercano, es importante. También existe la posibilidad de realizar un parto en el agua estando en casa. La participación de una Doula (acompañante durante el parto) favorece en general la vivencia del mismo, teniendo un recuerdo agradable y placentero de una experiencia personal que puede ser muy gratificante a nivel psicoafectivo.

Parto en el agua

Spa inflable apto para el parto en el agua

Ninguna especie de mamíferos, excepto los cetáceos (ballenas, delfines, etc.) tienen el parto en el agua. No hay pruebas de que algún grupo cultural antiguo realizara el parto bajo el agua. En Rusia Igor Charkovsky en 1.960 publicó su experiencia sobre partos acuáticos.

Un médico de Zaragoza, Pedro Peraza, que trabaja en El Ferrol (A Coruña) trajo a este país la idea de realizar partos en el agua. Primero utilizó una piscina de terapia física con miles de litros de agua y se introducían la madre, el marido y él mismo. Pero con el tiempo quedó sólo la mujer sumergida y la ayuda se prestaba desde el exterior. Existen monitores de frecuencia cardiaca fetal que se pueden introducir bajo el agua.

En algunos casos he asistido a mujeres que querían parir en el agua y tenían en casa un gran jacuzzi, lo que ha permitido realizar toda la dilatación en el agua, pero en muchos de ellos han preferido parir fuera del agua.

Las molestias que frecuentemente tienen las mujeres que están de parto, mejoran mucho en el agua. La temperatura ideal es de 37º C, y no deben haber cambios bruscos (por eso no se recomiendan las piscinas de plástico para niños pequeños). La dilatación dentro del agua es más fácil, y menos dolorosa. Nacer dentro del agua es adecuado, siempre que no se vuelva a reintroducir en ella una vez ha respirado aire el bebé. Parece ser que el calor después del parto (si la mujer continúa en inmersión), podría favorecer el aumento de la hemorragia postparto.

Actualmente hay en el mercado (Internet) varias opciones de "piscinas desmontables" o "spa portátil hinchable", que son desmontables, con motor regulador para la temperatura, filtros depuradores, de unos 900 litros de capacidad (buscar un lugar adecuado para su colocación): "Ospazia", "Bestway", "Silver Cloud", y varias más que hoy valen entre 400 y 500 euros.

Las grandes pelotas y la silla de parto, pueden mejorar la comodidad de la mujer durante el parto, y facilitarlo.

Este proceso debe ser acompañado idealmente por las personas con las que la mujer quiera compartir esa experiencia (compañeros, familiares, amigos, doulas, etc.), y siempre que sea posible, respetando al máximo la voluntad de la gestante (posturas libres, ingesta de alimentos, no separación madre-bebé, contacto piel-piel, lactancia materna precoz ya en la Sala de Partos, alumbramiento espontáneo, sección del cordón umbilical cuando deja de latir por el acompañante de la mujer, no práctica sistemática de anestesia (peridural), episiotomía o instrumentación, y alta precoz, si la mujer lo desea). Hay que eludir lo más posible la manipulación excesiva, utilizando correctamente la tecnología moderna sólo si es estrictamente necesaria por algún problema concreto, y hablándolo previamente.

Un embarazo planeado, deseado o aceptado, así como un control y preparación adecuados (respiración, relajación, y conocimiento de la evaluación del proceso y sus diferentes fases), pueden favorecer la sensación de bienestar. La mujer debe dar a luz en el lugar donde se sienta más cómoda, más segura y menos manipulada, ayudando a evitar exploraciones innecesarias o molestas.

A todo esto se denomina "parto natural", "parto respetado", "parto no dirigido", "parto mínimamente medicalizado", "nacimiento consciente", pero sabiendo que se pueden utilizar los recursos técnicos que sean necesarios para solucionar posibles problemas evitables.

Aunque el riesgo "cero" no existen en ninguna actividad humana, el nacimiento debe ser lo más parecido posible a lo que la mujer espera, y para eso todos (pareja, doula, comadrona, médico) deben acompañar a la madre en el trabajo que significa un parto y procurar que éste sea como un parto en casa.

La asistencia profesional suave al nacimiento empleando lo más mínimamente posible el intervencionismo beneficia ostensiblemente la salud materna y filial, incluso para el resto de sus vidas, además de llevarse una vivencia agradable y emotiva del mismo.

 

La cara oculta de la Luna

Además de lo explicado anteriormente hay ciertos aspectos que se deben tener en cuenta.
Llegar al inicio del parto estando descansada es primordial para una buena evolución del mismo (aunque pocas mujeres acceden en estas condiciones, por lo menos hay que intentarlo). Un parto puede durar de media unas 24 horas desde que se inician las contracciones uterinas. Que se haya descansado bien, favorece la eficacia de las contracciones, estas son más regulares y menos molestas. La tensión y el miedo (al dolor, al fracaso, etc.) no facilitan la progresión adecuada del proceso. Algunas mujeres (sobre todo las primerizas) reciben muchas indicaciones de personas poco apropiadas, como de que caminar mucho mejora el encajamiento de la presentación o sirve para estimular el inicio del parto, lo cual es completamente inútil y contraproducente.

Acudir demasiado pronto a la clínica u hospital a veces puede propiciar innecesariamente realizar tactos vaginales, practicar la decolación de las membranas (o maniobra de Hamilton), así como estimulaciones occitócicas, amniotomías, monitorizaciones largas e incómodas, con poca posibilidad de moverse libremente, restricciones de alimentos o bebidas, valoraciones de riesgo inapropiadas, ingresos precipitados, etc. que muchas veces conducen a un sobrediagnóstico, y a un sobretratamiento, así como a la práctica de muchas pruebas y la repetición de las mismas, que en algunas ocasiones no están plenamente justificadas.

En la especie humana lo normal es que en un embarazo a término (entre 37 y 42 semanas, a contar desde el primer día de la última regla normal), el parto se produzca espontáneamente y no haya que hacer nada por sistema. Solo la mujer es necesaria para que todo transcurra bien y sin problemas, todos los demás (acompañantes, familiares, profesionales, etc), son accesorios, incluyendo pareja, doulas, comadronas y médicos. Se trata básicamente de un proceso automático y fisiológico. Solo hay que tener en cuenta que la mujer se sienta lo más cómoda y segura posible, en el lugar que ella prefiera y con las personas con las que quiera compartir el evento, valorando los posibles riesgos y beneficios y sabiendo que si ocurre algo imprevisto, se pueda reconducir o solucionar.

El parto sólo es el punto de una línea que empieza antes del embarazo (para valorar posibles riesgos e intentar disminuirlos) y que acaba en el puerperio. La mujer debe de estar arropada con la o las personas que le den más apoyo y confianza (pareja, doula, comadrona, médico, etc.) sabiendo que todos cumplen un papel completamente diferente y que puede ser complementario, con el único objetivo de acompañar y ayudar a la mujer, para que esté lo más tranquila, cómoda y confiada posible durante todo el desarrollo del parto.

No tiene por qué ocurrir nada que altere el embarazo y el parto (en casos de bajo riesgo), pero puede suceder cualquier cosa imposible de prever, y durante el parto puede surgir inopinadamente una vuelta de cordón apretada que obligue a pinzarlo y cortarlo de inmediato, o la presentación puede colocarse de una manera no adecuada o las contracciones uterinas pueden ser insuficientes o desaparecer (muchas veces por agotamiento de la mujer) o ser la dinámica muy dolorosa y precisar una actuación adecuada.

Lo cierto es que en el parto hay que evitar todo lo posible las prisas (también por parte de los profesionales) y el miedo, y dejar el tiempo necesario para que las cosas ocurran espontáneamente. Un parto es un misterio; siempre puede ocurrir algo imprevisto. No sirve la experiencia propia o de otros. Sería como un partido de fútbol, o una partida de ajedrez o un acto sexual, que se parecen pero no son iguales.

Hay que evitar al máximo la posible yatrogenia (alteraciones producidas por los médicos o los medicamentos), si la actuación profesional no es estrictamente necesaria y objetiva, y realizar sólo lo que sea imprescindible. El "parto acompañado", "parto respetado", poco o mínimamente medicalizado, va desde no tener que hacer nada (o saber no hacer nada), hasta requerir la utilización de los recursos adecuados para evitar problemas importantes. Se tiene que huir de la rutina, de los intereses ajenos al parto y a la mujer, de hacer las cosas por costumbre, sin respetar los deseos de la madre y no pensar exclusivamente desde la perspectiva profesional.

A partir de las 42 semanas, lo más aconsejable es realizar pruebas de bienestar fetal no invasivas (Non Stress Test, N.S.T., o prueba de las correas, y amnioscopias o ecografías), y mientras no aparezca un problema materno o fetal, el control periódico es lo más adecuado (incluyendo la ansiedad de la mujer). Es bueno saber que la mayoría de inducciones (sobre todo cuando las condiciones locales del cuello del útero son desfavorables (test de Bishop)), conducen a una rotura artificial de la bolsa de las aguas, a utilizar una monitorización continua cardiotocográfica, a una anestesia peridural, a una instrumentación obstétrica y a una episiotomía o a una cesárea en caso de fracaso (parto médico dirigido).

La continuidad en la asistencia tanto en casa como en la clínica u hospital, con el mismo equipo o participantes en todo el procedimiento, mejora la confianza mutua, sabiendo que se respetará al máximo el deseo de la mujer. Antiguamente unas personas atendían el embarazo, otras diferentes el parto y otras más el puerperio, sin que la parturienta las conociera previamente, ni ellas a ella, sin poder sintonizar con ninguna en concreto. En los partos también intervienen en general varios profesionales (varias comadronas, varios médicos) con cambios de turno, según la organización del centro, presión asistencial, todo ello conlleva más tactos, y más intervencionismo. En grandes centros, los protocolos asistenciales (poco críticos con el sistema) no siempre tienen en cuenta el grado de satisfacción de la madre. Los partos de bajo riesgo en algunos casos son realizados por personal con poca experiencia y ante una posible sospecha actúan a veces demasiado contundentemente.

Un nacimiento lo más suave posible, y un "parto a la carta", sin que ello signifique disminuir la seguridad, permite vivir una situación normal, espontánea y fisiológica más plena.

Mejorar aún más algunos aspectos de la asistencia al nacimiento, sobre todo de los que no sólo contemplan el aspecto orgánico del mismo, debería ser algo preferente, obviando a ser posible los aspectos vividos negativamente por la mujer, evitar el parto médico dirigido sistemáticamente en gestaciones normales, y no estar más pendientes de "sacar el trabajo" o desangustiarse o que el temor de posibles denuncias no induzca a practicar una medicina defensiva.

Las resistencias a dejar que las mujeres tengan una posición libre, si todo es normal, puede venir de la organización sanitaria y hospitalaria o de la falta de información y experiencia de los profesionales, y sería bueno enseñar lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer con razonamientos lo más ecuánimes y objetivos posible.

Hay intereses muy variados por parte de los asistentes a un parto (auxiliares, enfermeras, comadronas, médicos, anestesistas, doulas, etc) para "acabar" lo antes posible, por problemas de horario, trabajo, turnos, protocolos, cansancio, tensión, temor, etc., y es muy típico el "prurigo traendi" (ganas de extraer) valorando poco las posibles consecuencias negativas de esta actitud si no hay una clara indicación.

La posición clásica actual del decúbito supino en el parto, la ideó un médico francés hace un centenar de años, cuando aún no se conocía ni la fisiología fetal, ni la función placentaria, y se hace solo por comodidad física del médico para acceder mejor al control fetal y vaginal. Esta posición se ha ido transmitiendo sin ninguna crítica constructiva, y olvidando que las antiguas egipcias ya daban a luz sobre unos ladrillos para los pies (tipo placa turca), y no valorando la comodidad de la mujer, sin disminuir la seguridad fetal.

El primer registro de las contracciones uterinas la realizó el Profesor Roberto Caldeyro-Barcia el día 10 de Junio del 1947 en Montevideo (Uruguay), pero él mismo dejó dicho que la monitorización estaba reservada a pacientes de riesgo o con problemas, y no para todo el mundo (y menos para embarazadas de bajo riesgo). La sobreutilización de controles, en parte se da por intereses de la industria, por publicación de estudios o por medicina defensiva. Se hacen muchas pruebas (¿quizás demasiadas?) a base de análisis, ecografías, monitorizaciones, etc., porque la perspectiva profesional piensa que el embarazo y el parto puede presentar algún problema sobre el que actuar, lo cual genera más pruebas. Muchas pruebas no equivalen a más seguridad. El riesgo "cero" no existe en ninguna actividad humana, pero en el embarazo y el parto es más difícil aceptar los contratiempos que en otras situaciones se toleran fácilmente. Aunque lo contrario (pensar que no puede pasar nada anormal) a veces no valorar adecuadamente por desconocimiento o por poca experiencia, también impide evitar alteraciones feto-maternas. En resumen, puede ocurrir cualquier cosa, pero no tiene por qué ocurrir nada negativo "a priori". El "fair play", aceptando un mínimo de normas, es necesario para obtener el máximo de seguridad-comodidad posible, a pesar de las dificultades que puedan surgir, sabiendo que muchas tienen solución.

La utilización sistemática de una analgesia peridural, comporta en muchos casos, la amniotomía, la administración de occitocina, la monitorización cardiotocológica contínua (la cual es inmovilizante para la mujer), la instrumentación excesiva y la episiotomía habitual.

La información lo más objetiva y desinteresada posible, para que la mujer pueda decidir lo que más le conviene, puede evitar algunos tratamientos innecesarios. Todo ello requiere una valoración constante del riesgo, y esta no tiene que ser necesariamente con pruebas o aparatos. No hay que hacer todo lo que se puede hacer, y si hay que hacer algo debe ser sólo lo estrictamente necesario.

Para mí lo ideal es realizar un parto en clínica u hospital como en casa, sabiendo que están próximos los recursos a utilizar, no sistemáticamente para todo el mundo, sino cuando estén realmente indicados. Esto no impide respetar y acompañar el parto domiciliario (o en casas de parto) informando adecuadamente de los posibles beneficios y complicaciones, evitando los embarazos de riesgo (incluidos los que son solicitados por una mala experiencia previa hospitalaria negativa), y sabiendo que en algunos casos es necesario continuar la asistencia en una institución o centro médico adecuado. El parto tiene que ser una experiencia libre y segura.